Se comportan igual, se creen inmortales del poder

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POR Isidro O’SHEA

Sean grandes o pequeños, los golpes que se le hacen a la democracia afectan por igual a los objetivos democráticos. Si bien no la derrumban en un solo intento, son como gotas pequeñas que pueden terminar con un pedazo de roca.

 

Golpear a nuestra democracia es una costumbre de MORENA en la que participan desde su élite, hasta los miembros de menor relevancia. Incluso es una costumbre de su líder desde que estaba en el PRI y en el PRD.

 

MORENA cuando gana no reconoce el pluralismo y la importancia de las minorías, como sucedió en días pasados en la comparecencia de López Gatell ante el Senado, donde sus senadores descalificaron los legítimos cuestionamientos de la oposición, argumentando solamente que recordaran que ya solo eran una minoría, que ellos ya no estaban en el poder.

 

Sin embargo, si pierden también golpean a la democracia, con la nada compleja estrategia de desconocer los resultados. Así sucedió el fin de semana pasado en las elecciones de Hidalgo y Coahuila, donde claramente, sin margen para los cuestionamientos, el PRI (viejo o nuevo) salió victorioso.

 

Incluso, aunque en número total de votos, MORENA logró posicionarse como segunda fuerza, su estrategia fue tan poco acertada, que en Coahuila hubo distritos en los cuales no llegó ni a un segundo lugar, y en Hidalgo municipios en los que prácticamente ni compitió. Puede que el hecho de que se haya posicionado como segunda fuerza en número de votos total, haya sido debido a municipios/distritos en los que tuvo resultados significativamente más favorables que en el resto. Habrá que ver y analizar las medias porcentuales y varianzas de cada distrito y municipio en los que compitió.

 

Hay que señalar también, que desde que MORENA es gobierno a nivel federal; desde que AMLO asumió el poder, su partido ha coleccionado mayor número de derrotas que de triunfos, pues a los del fin de semana pasado debemos sumarle las derrotas del 2019 en: Durango, Aguascalientes y Tamaulipas.

 

Es cierto que lo que sucedió el domingo pasado en Hidalgo y Coahuila no puede verse como un presagio del 2021, dado que realmente de la totalidad del país, estaba en juego menos del 5% de los municipios que existen en México, y solamente una de las 32 cámaras locales. Sin embargo, ello no significa que no pueda verse como un ejercicio en el cual se demuestra que tampoco son tan fiables las cifras que arrojan algunos medios sobre la aprobación del presidente e intención del voto. Incluso se puede, aunque no haya sido de manera aleatoria y con los procedimientos de un estudio de opinión demoscópico, considerar lo del domingo pasado, un muestreo de una encuesta a nivel federal.

 

Respecto al golpeteo de la democracia, es de no creer, ver cómo miembros de MORENA que han descalificado a sus propios compañeros de partido, con fuertes señalamientos, ahora se atrevan a descalificar estas elecciones.

 

Tan infantil resulta el discurso morenista, que el Domingo pasado el más cauto y centrado fue Antonio Attolini. Sí, por increíble que parezca, Attolini en lugar de descalificar los resultados, señaló que los principales responsables de la derrota eran los comités estatales del partido, así como el nacional, que han pasado más tiempo concentrados en batallas internas que en el trabajo territorial.

 

El descalificar resultados y golpetear a la democracia, es una constante de los partidos populistas, y señalar de populista a MORENA, ya no asusta a nadie. Pero hay algo aun peor, MORENA parece más un partido populista de derecha radical, que, de izquierda latinoamericana; sus ataques a la democracia representativa pero asimismo a la democracia sustantiva, son elementos propios de esa derecha radical europea.

 

MORENA ha perdido el fin de semana pasado; MORENA continúa golpeando los principios democráticos, sin importar si gana o pierde, es al igual que un mal ganador, un mal perdedor.

 

Reitero: si bien no se pueden medir las futuras elecciones intermedias del 2021 con los resultados del domingo pasado, tampoco podemos afirmar que lo sucedido no es evidencia del desgaste del partido gobernante y del presidente; desgaste que continuará mientras no comiencen a dar resultados tangibles para la gente.

 

A partir de lo sucedido, los partidos de oposición tienen una nueva oportunidad para comenzar a crear una narrativa que se adhiera a las preocupaciones de los mexicanos.

 

Los grandes personajes del partido gobernante empezando por el presidente, están cometiendo el mismo error que han cometido todos los gobiernos anteriores desde que hubo paso a la transición en nuestro país: creer que el poder no se les acabará jamás. Se comportan igual; se comportan como inmortales del poder.