Se va Trump, no el trumpismo

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POR Alberto ABREGO

“Soy humilde en la confianza que me han dado. No seré un presidente que divida, sino que una. Seremos unos Estados Unidos. Nos ganaremos la confianza de todos, de eso se tratará nuestra administración”

Joseph Robinette Biden Jr. En su primer discurso tras ganar la elección presidencial en los Estados Unidos.

05/Noviembre/2020

 

 

El triunfo de Joe Biden no es ninguna garantía de que en México mejoren las condiciones sociales, económicas, políticas, sanitarias, educativas, migratorias ni nada por el estilo.

 

Si bien la parsimonia y las formas de Joe Biden jamás se podrían comparar con la actitud belicosa y arrogante de Donald Trump, y que seguramente el trato del país del norte con México será más institucional, lo cierto es que el nuevo inquilino de la Casa Blanca tendrá sus propios problemas que enfrentar, antes de preocuparse por establecer políticas comerciales más justas y convenientes para los mexicanos.

 

Sabemos que las elecciones en los Estados Unidos son las más importantes del mundo, pues siendo el país más poderoso -todavía-, sus resultados tienen repercusiones en todas partes, para bien o para mal, pero los más de 70 millones de votos que lo llevaron al máximo cargo de los Estados Unidos lo obligarán, primero, a tratar de corregir el tiradero interno que le dejará su antecesor.

 

Una mala o nula estrategia contra la pandemia les ha provocado ya más de 240 mil víctimas mortales, ante ello, no hay economía en el mundo que pueda crecer. Una política con características xenofóbicas y populistas no abona para el encauzamiento económico y político. El aumento en la incidencia de los crímenes de odio propiciados desde el discurso presidencial no ayuda en nada para la unidad en un país dividido; todo eso lo tiene claro Joe Biden, que ya ha declarado que primero se enfocará en controlar la pandemia y en gobernar para todos los estadounidenses.

 

Por lo menos en su primer discurso después de la victoria no habló mucho de política exterior, pero puntualizó que buscó ser presidente  “para restaurar el alma de América, para reconstruir la columna vertebral de esta nación -la clase media-, y para hacer que EEUU sea respetado en todo el mundo de nuevo”, y en un tono conciliador, también se dirigió a los simpatizantes de Trump: “Ustedes, que apoyan a Trump, entiendo que estén decepcionados. Yo he perdido un par de veces. Pero ahora démonos un chance. Es hora de bajar la temperatura, de vernos otra vez, de dejar de tratar a nuestros oponentes como enemigos. No lo son. Es hora de sanar”.

 

Joseph Robinette Biden Jr. Tuvo el mérito de estar ahí, como primera opción en las filas del Partido Demócrata, pero no ganó por su carisma, su gran popularidad  o una personalidad avasalladora. Ganó por ser la opción anti Trump, ahora tendrá que gobernar un país dividido y pacificar a más de 65 millones de trumpistas encendidos por la reacción de un líder que raya en los límites de la locura y que fue capaz de sembrar y reavivar en tan solo cuatro años sentimientos tan perversos como el odio y la discriminación.

 

Donald Trump dejará de ser presidente, aunque no se irá sin pelear y sin seguir haciendo el ridículo. Es lo suyo. Sabe que sus ideas y sus pensamientos racistas tienen eco en la mitad de la sociedad estadounidense, que se acostumbró a él, a su xenofobia y a su nacionalismo populista. A los más de 65 millones de electores que votaron por él les agrada la polarización social provocada por un presidente que se convirtió en una amenaza para la paz y la sustentabilidad del mundo.

 

A todas las expresiones políticas, organizaciones gubernamentales y no gubernamentales, empresarios, comunicólogos, líderes de opinión y ciudadanos libres de mi país, que celebran el triunfo de Joe Biden, les digo que la libertad que nos concede nuestra constitución les da el legítimo derecho de sentirse congratulados, pero les recuerdo que el el ganador demócrata del vecino país del norte no gobernará para los mexicanos, no somos su país favorito, no esperemos que cesen las deportaciones de mexicanos, y me atrevo a pensar que ni siquiera le caemos bien, es simplemente más educado y diplomático.

 

Corresponde a nuestras autoridades, a nuestro gobierno buscar los medios para que nuestra sociedad, en esfuerzo conjunto, haga descender las cifras de las muertes por Covid-19, de la violencia, de las desapariciones forzadas, de los secuestros, de las extorsiones, de la carestía, de la pobreza extrema, de la discriminación, de la falta de valores, de los malos programas educativos y de la corrupción.

 

Corresponde a nuestros representantes gubernamentales establecer las relaciones adecuadas con Estados Unidos y con los demás países en beneficio de los mexicanos, y a nosotros exigirles que así lo hagan. Preocupémonos porque no se propague el trumpismo en nuestro país.

 

Buen show, las elecciones presidenciales en estados Unidos, pero ya terminaron. Nosotros a lo nuestro.