Sí por México. El México de ellos

0
396

POR Norberto HERNÁNDEZ

Doce años de fracasada alternancia panista, seis años de un lamentable regreso del Partido Revolucionario Institucional (PRI) al ejercicio del poder presidencial y dos años más del arribo del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) a la presidencia de la República fueron necesarios para que se dieran los primeros pasos para constituir un frente opositor a la figura de Andrés Manuel López Obrador (AMLO).

Resulta tan irritante a sus adversarios las apariciones diarias del mandatario morenista ante los medios de comunicación llamados nacionales y frente a un coctel o bomba molotov de comunicadores de las redes sociales que logró lo que parecía imposible: convocar a la derecha —y a su ala radical—, para unirlos públicamente en un proyecto que tiene una parte plausible que es vencer a AMLO en las urnas y no por la vía de un golpe de Estado o andar promoviendo su destitución o su rezada muerte. A esas fallidas pretensiones —y honestas provocaciones—, se sumó la iniciativa de algunos gobernadores que amagaron con su separación al Pacto Federal.

Con el PRI bajo control del poder presidencial, por tradición académica llamado “el presidencialismo mexicano”, todos se ponían en orden y nada ni nadie se indisciplinaba a las indicaciones del jefe, del presidente, también llamado el primer priista del país. El que se atrevía a contradecir lo bien dicho por la institución presidencial recibía la penitencia merecida, más cercana al fin de su carrera política.

Pero, ¡llegaron los panistas y todo lo echaron a perder! Se acabó el miedo y hasta el respeto al presidente. Los gobernadores condicionaron el desarrollo de la política nacional, marcaron los tiempos y costos al presidente que, como estrategia, otorgó dinero para que atendieran sus llamados, para que le hicieran caso. Una acción similar se presentó cuando Moctezuma hizo llegar objetos diseñados con oro a Hernán Cortés para que se regresara.

Un estilo de hacer política se perdió, pero surgió uno peor. El caos en la conducción del país. El control político dejó de ser el medio y fin del poder presidencial. Fox y Calderón fueron las piñatas de la navidad de los gobernadores, mayormente formados en la verticalidad del priismo. Del gobierno del partido casi único, Octavio Paz lo llamó gobierno de partido hegemónico, pasamos al control del desarrollo político nacional bajo los lineamientos del cacicazgo de los gobernadores. Varios de ellos, ante la debilidad de los presidentes panistas, se asumieron con las cartas credenciales suficientes para aspirar a ser presidentes de la República. No es fortuito que uno de ellos, Enrique Peña  Nieto lo consiguiera y antes, otro gobernador mexiquense, se haya quedado en el camino, Arturo Montiel Rojas. Hubo otros que no vale la pena mencionar.

De 2000 a 2012, paciente y constante, Fox y Calderón tejieron la alfombra roja del regreso del PRI. Peña Nieto no fue el candidato del partido tricolor, fue la opción del Partido Acción Nacional (PAN) para vencer a López Obrador, segunda vez candidato presidencial del Partido de la Revolución Democrática (PRD). Un contrasentido; el PAN surgió para hacer frente al estilo de gobernar del PRI. En 2012, lo ayudó a ganar a las elecciones presidenciales con el único propósito de que, por todos los medios, no ganara su odiado adversario perredista. La candidata panista quedó en un cómodo tercer lugar, pero sería favorecida por el vencedor con cerca de mil millones de pesos en un fideicomiso para apoyar a migrantes a través de una fundación.

Ya en el poder, el presidente priista recibió diversos elogios por el impulso de las reformas estructurales. Incluso, en febrero de 2014, la revista Time dedicó su portada al presidente Peña con el texto “Saving Mexico”. Pero surgieron los escándalos de corrupción y ya nada detuvo el enojo de los mexicanos que, en su calidad de electores, votaron masivamente por AMLO, el candidato de MORENA. Ganó más allá de lo esperado, pero fue en proporción a la descomposición del poder público en manos del PAN y el PRI.

Desde entonces, el saqueo del que fue objeto el país es nota de todos los días en las mañaneras. El exceso en el desvío del dinero público, con fines personales y familiares, ha pasado del asombro a lo cotidiano. Y, en ese escenario, la derecha y sus ultras han convocado al PAN, PRI y PRD a unirse en un frente anti-AMLO. Sí por México no quiere vencer a AMLO, quiere el regreso de los gobiernos a modo y las facilidades para hacer negocio con la riqueza nacional de un país llamado México. Al igual que los gobernadores, quieren dinero y un partido que regrese al camino del control político como seguro de garantía a sus negocios. Eso se ve difícil, aun ganando las elecciones para quitarle mayoría legislativa al presidente.