Caminito de la escuela

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POR Alberto ABREGO

 

“Las escuelas reabrirán en México sólo cuando el semáforo epidemiológico esté en verde, con bajo riesgo de contagio y cuando las autoridades sanitarias y educativas locales lo consideren”

Delfina Gómez Álvarez, Titular de la Secretaría de Educación Pública.

 

 

“En un momento dado, nosotros vamos a abrir con el reconocimiento de la SEP, sin el reconocimiento y aún en contra de la Secretaría de Educación, porque el estado de derecho está de nuestra parte… de que abrimos, abrimos” Alfredo Villar Jiménez, Presidente de la Asociación Nacional de Escuelas Particulares (ANFE-ANEP)

 

Como anillo al dedo quedó el título de la canción del famoso Cri-Cri para referirse a la preocupación de miles de padres de familia respecto de las declaraciones de Alfredo Villar Jiménez, Presidente de la Asociación Nacional de Escuelas Particulares (ANEP).

 

“De que abrimos, abrimos”, dijo, y la titular de Educación Pública, en su primera declaración importante desde que tomó el cargo, salió a apaciguar los ánimos y a recordarle a todos que esa es una decisión de las autoridades.

 

Pero, ¿quién es Alfredo Villar y qué es la ANEP?, al ingresar en su página Web y consultar la sección “Quienes somos”, se puede leer “Somos expertos en materia legal educativa. Asesoramos y resolvemos los problemas de las escuelas privadas en México”. Lo anterior sugiere que se trata más bien de una firma de consultoría legal para escuelas particulares que una instancia de representación de las más de 45 mil colegios que operan en el país. De cualquier manera, su declaración fue suficiente para subir el tema a la agenda de la Titular de Educación Pública, de los gobernadores y del Presidente de la República.

 

El tema no es menor. La pérdida de empleos en el país, aunado a programas educativos deficientes durante la pandemia, así como la erogación de recursos de miles de familias que han tenido que enfrentar el Covid, ha obligado a muchos padres de familia que tenían inscritos a sus hijos en colegios particulares a buscar un espacio en el sistema público, o en el peor de los casos, tal situación ha provocado deserción escolar, con las consecuentes pérdidas económicas para las escuelas privadas.

 

Esta argumentación tiene sin duda, razones legítimas de fondo. Es innegable que estamos viviendo la peor crisis sanitaria de los últimos 100 años (desde la pandemia de la gripe española, en 1918), lo cual provoca crisis económica, social, y por supuesto educativa. El ámbito educativo es quizá uno de los más golpeados, pues docentes, estudiantes y familias han tenido que transformar hábitos y costumbres, siendo obligados a trabajar bajo esquemas nunca antes imaginados, y para los cuales no estaban preparados. Es innegable que las aulas escolares brindan mucho más que contenidos académicos. Además de la lectura, escritura, matemáticas o historia, los estudiantes desarrollan habilidades sociales y emocionales, hacen ejercicio, interactúan y tienen mucho más beneficios que no son tan fáciles de implementar cuando el aprendizaje se adquiere a través de un monitor con las imágenes del profesor y los compañeros de clase.

 

Y por otro lado, existe la contundencia de un argumento que no admite debate o discusión alguna: la salud de nuestros hijos, de nuestras familias y la propia. Según estudios del Doctor Alessio Fasano, Director del Centro de Investigación en Inmunología del Hospital General de Massachusetts, en Boston, Estados Unidos, los niños pueden portar cargas virales extremadamente altas del nuevo coronavirus, incluso sin síntomas, lo que los convierte en transmisores potenciales del virus hacia sus familiares. Aunque existen estudios que afirman lo contrario, lo cierto que es que no tenemos ninguna certeza al respecto, este virus es impredecible.

 

Definitivamente nadie está feliz con esta situación. Por todos los medios se han esgrimido argumentos académicos, sanitarios, económicos, sociales y de política pública en torno al tema, pero no es el momento de abrir las escuelas. No están dadas las condiciones sanitarias por el momento. El reanudar las clases presenciales asegura el derecho de los estudiantes a una mejor educación a cambio de exponer a la enfermedad e incluso a la muerte a la población escolar. Sobre el imperativo de la educación, está el bien supremo, que es la vida.

 

A un año del inicio de la pandemia, toda mi admiración para las escuelas y maestros que sobre la marcha hacen los ajustes necesarios para ofrecer educación de la mejor calidad posible, aún con la distancia. Ya falta menos, se acercan las vacunas, pero aún no es el momento de cantar: ¡Caminito de la escuela!

 

RÁPIDAS MEXIQUENSES. La Comisión de Derechos Humanos del Estado de México informó que sólo 60 municipios mexiquenses han aceptado la Recomendación General 01/2018, emitida en octubre de 2018 relativa a la prevención y erradicación de la violencia de género, y que de los 11 municipios que cuentan con alerta de género contra las mujeres, aún no la han aceptado Tultitlán y Cuautitlán izcalli. Es de llamar la atención que algunos municipios con más casos de violencia de género se nieguen a aceptar esta recomendación de la Comisión de los Derechos Humanos de la entidad, ¿será acaso una decisión electorera?, ¿tendrá algo que ver la contienda electoral que se avecina?