Cuando aprendí a manejar – Entre Tuercas y Cables

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POR Alfonso FAURE

Cuando tenía 16 años fue cuando comencé con mis primeras clases de manejo; recuerdo que mi papá fue el que primero me empezó a enseñar y a llevar a los estacionamientos y calles poco transitadas para empezar a manejar. Luego mi mamá, con un poco más de nerviosismo y pánico, también de repente me comenzaba a dejar manejar con ella en trayectos pequeños, como ir a la casa a mis abuelos. En el verano de esos años, mi papá me dijo que, aunque ya le estaba agarrando al manejo, era necesario que tomará clases formales en una escuela muy cerca de mi casa. Recuerdo que en un Chevy verde como del 98, aprendí a usar la trasmisión manual, como arrancar en las pendientes y por una semana estuve dando vueltas por todo Toluca. Recuerdo muy bien qué de mis amigos de la prepa, yo fui de los poco que tomaron clases “formales” de manejo ya que todos aprendíamos con algún padre, hermano o novio(a). No obstante, ninguno de nosotros conocíamos el reglamento de transito como tal, solo repetíamos lo que nos habían dicho, un poco de lo que veíamos, de lo que medio preguntaban en el examen de la licencia (muy básico en el Estado de México, por cierto) y el sentido común. Y esto no lleva a un problema, que si bien es muy importante conocer el reglamento de le entidad donde vivimos; también, conocer el reglamento de tránsito es una herramienta para prevenir la extorsión y la corrupción.

 

Les planteo el siguiente escenario, vamos circulando acompañados por una de las avenidas principales, o autopistas urbanas, con algo de prisa porque se nos hizo tarde para alguna cita por lo que rebasamos el límite de velocidad establecido por un 20%. En ese momento nos para el policía de tránsito y nos indica que por ir a exceso de velocidad nuestro auto tendrá que irse al “corralón” – o que sino como le hacemos o “como nos arreglamos” -. Bueno pues dentro del marco del reglamento de tránsito de la Ciudad de México, el conducir a exceso de velocidad en una vía principal, te hace acreedor a una multa de entre 10 y 20 UMA’s (que en la conversión actual significarían entre $868.80 y $1,737.60). Estas son cifras que podrán ser un lastre o “dolernos” pero debemos de considerar que es dinero que entraría al sistema de tránsito para poder mejorar las condiciones de las avenidas y calles en general, mejorar el sistema de metro, metro bus y servicio público; y también servirá para pagar el salario de los y las agentes de tránsito de la ciudad.

Al pagar la multa, podremos ser más cuidadosos y conscientes al volver a circular por estas avenidas y así evitar cometer otra infracción. Además de que, en muchos lugares, al pagar la multa dentro de los primeros días se te bonifica un descuento por lo que el pago final de la infracción en realidad sería menor. Al romper con este círculo vicioso de extorsión – mordida, generamos un ambiente entre sociedad y gobierno que crea un círculo virtuoso donde los pagos de los contribuyentes se vean reflejados en más y mejores servicios de tránsito y movilidad.

 

Por lo tanto, yo los invito a que conozcamos el reglamento de tránsito de nuestra Ciudad y/o Estado, entender las reglas específicas de cada entidad, las sanciones, los derechos y obligaciones que tenemos como automovilistas al coexistir con ciclistas, peatones, servicios de transporte, públicos y las respectivas autoridades; para que así cumplamos con nuestras responsabilidades y protegernos en los casos de abuso autoridad o algún particular.