En Ascuas

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Oscar Glenn

¿Qué pasó ayer?

De los tan esperados cambios en el gabinete del presidente Peña, fue emotiva la despedida y abrazo a su amigo Luis Videgaray, que se dice regresará de operador político y aspirante en la contienda por la gubernatura, pero todo quedó opacado por el nombramiento de su otro amigo Luis Miranda como secretario de desarrollo social, pues de inmediato éste género duda y temor en los partidos de oposición, que luego de coquetear con el tema de la alianza, coincidieron en señalar al nuevo secretario con desconfianza. Me pregunto: ¿cuál de las dos cosas es más probable? ¿ La alianza o la intromisión?

Del motivo de la salida de Videgaray uno puede preguntarse si finalmente el error de haber urdido la lamentable visita de Donald Trump a México pesó tanto para orillarlo a renunciar y salir del círculo cercano de Enrique Peña, o si la idea de que se trate de convertir en aspirante a la gubernatura del Estado de México fue más poderosa. Todo tendrá que evidenciarse poco a poco.

Este miércoles la contienda mexiquense empezó y quizá no era la que el señor Videgaray quería protagonizar, sino la de la sucesión de su jefe, que por lo pronto parece que no será.

Los cuestionamientos para el ahora secretario Luis Miranda sobre la conducción de los programas sociales, teniendo el encargo expreso del presidente de mejorar la eficiencia de la política social, no se han hecho esperar y ese implícito reconocimiento de operador político le atraerá múltiples reflectores, así como lupas inspectoras, cual si no hubiera suficientes candados para su desvío, o si el presidente necesitara más sospechosos y frentes de lucha en primera línea.

Es esta quizá la jugada más arriesgada del tablero que ayer se movió, pues deberá mostrar Don Luis la sensibilidad y amabilidad para los sectores menos favorecidos con los que no acostumbra tratar. Será que de manejar el dinero y el poder, sea capaz de convertirse en el hombre caritativo, solidario y generoso. Suena difícil de creer, veremos de qué está hecho.

El regreso de José Antonio Meade a la Secretaría de Hacienda en la que estuvo en tiempos de Felipe Calderón, indica que las cosas no estaban resultando tan favorables como se hubiera pensado, con los dichos de Videgaray, por ello un hombre igual o más conocedor de ese ámbito era fundamental, buscando además restaurar la credibilidad en la inteligencia financiera del gobierno federal y en la serenidad de las decisiones.

Difícil para el propio Meade será que alimente desde un espacio tan poco popular su aspiración presidencial, a menos que tenga la receta secreta para cumplir notablemente el encargo que le hizo el presidente apenas lo nombró: austeridad para el gobierno, no para las familias, además acabar con el deficit, lo cual es al momento una misión imposible.

El cambio que no se dio fue el de Osorio Chong, a quien muchos no le veían futuro dado el desgaste que ha sufrido al enfrentar los reclamos por la inseguridad y el avance del crimen, lo mismo que el conflicto con la CNTE; pero la realidad es que se queda como el hombre más cercano e influyente del presidente y eso debe servir de algo, sobre todo para sus aspiraciones personales. Ya veremos qué tan bien juega sus cartas.

Fieles a la tradición política críptica, las intenciones de los hechos no traspasan la cortina de las declaraciones. Nos dejan algo en qué pensar. Si los señores cumplen corto plazo, la mitad de lo que les encargó el presidente públicamente, algo bueno ya tendremos para comentar.

Gracias por leer.
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¡Exitoso jueves!