La otra cara de Diego

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POR Alberto ABREGO

“Nunca me importó qué hiciste con tu vida, gracias por lo que hiciste con la mía”

Roberto Fontanarrosa, escritor argentino.

 

 

Soy un apasionado del fútbol, y un convencido de que este deporte puede ser un medio para convertir el mundo en un lugar mejor, más saludable y con más valores como el respeto, la paz, la sana competencia y la lealtad, entre otros.

 

El fútbol es capaz de transportarnos, de llevarnos a un mundo de magia y creatividad donde se forjan historias inimaginables. Es una escapatoria momentánea donde se puede soñar con los ojos abiertos y albergar ilusiones indescriptibles, en el que intervienen guerreros incansables en pos de una esférica que representa simplemente la pasión, la victoria.

 

Por ello puedo entender un poco la increíble veneración hacia un personaje que, tras su muerte desató un frenesí descontrolado, multitudes incrédulas y llanto desconsolado en millones de fanáticos futboleros alrededor del mundo. Puedo entender los reconocimientos y cientos de homenajes póstumos por su excepcional y única contribución a la historia del deporte de las masas.

 

Diego Armando Maradona, para muchos el mejor futbolista de todos los tiempos, sufrió de una insuficiencia cardíaca aguda que le provocó un edema agudo en el pulmón, que derivó en su muerte semanas después de someterse a una cirugía para retirar un coágulo en la cabeza. Dicho en otras palabras, fue víctima de sus excesos. Todo lo que se pueda decir de un grandísimo futbolista se ha dicho ya, se han vertido ríos de tinta, se han proferido innumerables lamentos y derramado millones de lágrimas. El mundo del fútbol lamenta la muerte del ídolo, del héroe, de la leyenda.

 

Casi nadie recuerda al ser humano, a la persona, al hombre que fue capaz de golpear mujeres, de engendrar hijos y abandonarlos, al agresor de aficionados, compañeros y periodistas, al que evadió al  fisco y dejó de pagar millones de euros en Italia, al prepotente, patán y discriminador. Sus escándalos por las drogas eran frecuentes, por ello en 1991 fue suspendido por tres meses; posteriormente en su natal Argentina fue detenido por posesión de drogas, por lo que pagó una multa para obtener su libertad. En 1992 y 1996 enfrentó demandas por hijos no reconocidos.

 

En el Mundial de Estados Unidos 1994 se evidenció (una vez más), que jugaba dopado, por lo que fue expulsado de por vida del fútbol. En ese mismo año fue acusado por la agresión a varios periodistas. Por otra parte, para nadie es un secreto que Cuba era uno de sus lugares preferidos para vacacionar, pues su amigo Fidel castro le proveía drogas y prostitutas adolescentes para su diversión personal.

 

En el año 2017 enfrentó serias acusaciones de una periodista rusa por delitos sexuales al forcejear e intentar despojarla de su ropa en un hotel de San Petesburgo, y posteriormente, en 2018 fue captado alcoholizado y drogándose en plena cancha del mundial de Rusia. Se le atribuyen también las lesiones causadas con su camioneta a dos jóvenes en Buenos Aires, intentando huir después. Es conocido también el episodio donde le estrelló un vaso a una mujer que tuvo un altercado con una de sus hijas. Se supo que en su breve paso como entrenador del club Sinaloa cobró 10 mil dólares por una entrevista a reconocido periodista, sin contar con los innumerables desplantes y groserías a aficionados, muchos de ellos niños que se atrevieron a pedirle una fotografía o autógrafo.

 

Habrá que preguntarse si una persona así merece que se decreten tres días de luto nacional en su país, o que muchos desadaptados lo eleven al grado de deidad. Cuestionable también la puntada de un diputado que pidió un minuto de silencio para Diego en el recinto legislativo justamente en el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Toda la magia que nos regaló durante una década en la cancha lo colocan tal vez como el mejor futbolista de todos los tiempos, pero nada de eso justifica la muy cuestionable calidad humana que demostró fuera de la cancha. Estamos acostumbrados a que la muerte nos eterniza y hace que se enaltezcan las virtudes, pero también es nuestra responsabilidad señalar los argumentos que descubren la otra cara del genio, la del machista, misógino, violento, adicto y agresor.

 

Recordemos aquí algunas de sus freses que reflejan su vida: “He sido, soy y seré un drogadicto”; “Con mi enfermedad di ventajas, ¿sabes qué jugador hubiera sido si no hubiese tomado droga?”; “Yo nunca quise ser un ejemplo”; “cuando dicen que soy dios, les digo que están equivocados, soy un simple jugador de fútbol”; “esto te da vida, el fútbol te da vida”.

 

Mis respetos en vida, y ante la muerte para un futbolista único, bendecido con el arte y la magia dentro de una cancha de fútbol; pero mi reproche enérgico y mi desilusión por la persona que no estuvo a la altura de los logros por los que muchos idiotas lo consideran un dios. No se trata de satanizarlo, pero la admiración y sobre todo la veneración hacia un personaje con conductas violentas y adicciones envía mensajes erróneos a las generaciones más jóvenes.

 

Diego conquistó al mundo con su magia, pero ojalá hubiera sido mejor persona, porque aunque millones de sus fanáticos opinen lo contrario, ser un buen ser humano es más importante que ser un buen deportista.