La otra Pandemia que aumenta a la sombra

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POR Leazly VILLAR

La violencia que actualmente aparece como una mancha negra de esta pandemia es un reflejo de nuestros valores, nuestra resiliencia y nuestra humanidad compartida. La violencia contra la mujer sigue siendo una gran amenaza para la salud pública mundial y la salud de la mujer durante las emergencias.

 

El aislamiento de las mujeres que tienen compañeros violentos, separándolas de las personas y los recursos que mejor pueden ayudarlas, es la situación perfecta para ejercer un comportamiento controlador y violento en el hogar.

 

La violencia contra las mujeres y las niñas, que ha aumentado durante el confinamiento,  debe superarse con urgencia. Las desigualdades entre hombres y mujeres y la aceptación de la violencia contra la mujer son la causa principal de la violencia ejercida contra estas.

Las estimaciones mundiales publicadas por la OMS indican que alrededor de una de cada tres (35%) mujeres en el mundo han sufrido violencia física y/o sexual de pareja o violencia sexual por terceros en algún momento de su vida.

La mayoría de estos casos son violencia infligida por la pareja. En todo el mundo, casi un tercio (30%) de las mujeres que han tenido una relación de pareja refieren haber sufrido alguna forma de violencia física y/o sexual por parte de su pareja en algún momento de su vida. Un 38% de los asesinatos de mujeres que se producen en el mundo son cometidos por su pareja masculina.

La violencia puede afectar negativamente la salud física, mental, sexual y reproductiva de las mujeres y, en algunos entornos, puede aumentar el riesgo de contraer el VIH.

La exposición a la violencia de género contribuye a desarrollar una mentalidad sexista y de justificación de la “violencia” que tiende a la “reproducción intergeneracional de la violencia de género”. Por tanto, “incrementa el riesgo de que las chicas sufran violencia de género en sus relaciones de pareja” y que ellos “reproduzcan dicho problema, como agresores”.

La máxima exposición a la violencia de género contra la madre incrementa considerablemente el riesgo de vivir dicha situación en las chicas, multiplicando dicho riesgo por 2,7 al compararlas con las chicas no expuestas a la “violencia de género”. Los menores que conviven con el maltratador tienen más riesgo de caer en la violencia.

 

Las mujeres y las niñas tienen derecho al disfrute pleno y en condiciones de igualdad de todos sus derechos humanos y a vivir libres de todas las formas de discriminación: esto es fundamental para el logro de los derechos humanos, la paz y la seguridad, y el desarrollo sostenible.

Es por ello que hoy mas que nunca debemos retomar la educación en los valores empezando en  casa, promoviendo la cultura del respeto y de la tolerancia, si viene cierto las presiones económicas y el asinamiento generan mayor  estrés; debemos aprender a vivir con esta nueva normalidad, porque  la vida cambio para todos. Es tiempo de aprender a vivir en paz y armonía en  casa, con respeto y tolerancia,  dentro de los  hogares, para que hoy más que nunca  se vuelvan el lugar de amor y seguridad para todos, la violencia no tiene género y todos somos parte de la solución.