Mujer Resiliente

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POR Sandra CHÁVEZ MARÍN

Educación pública resiliente.

No somos los títulos colgados en la pared, somos la capacidad de compartir nuestros conocimientos de manera efectiva, somos en quienes nos hemos convertido gracias a la experiencia de interactuar con los colegas y discutir, experimentar, investigar y aprender de una inagotable diversidad de temas.

El objetivo, como integrantes de un espacio educativo, es convertirlo en un área que favorezca la interacción entre las políticas públicas y la ciencia a través de normas, valores y creencias que fomenten la solidaridad y el respeto a las diferencias; somos formación constante.

Es deseable apuntar a una formación con enfoque de acción sinérgico, complementario y articulador que sea traducido a determinaciones éticas y morales. Si deseamos una formación integral, tal no debe ser sólo una exigencia a quienes la imparten, corresponde asumir nuestro papel en el entorno académico como estudiantes dedicados y honestos, docentes con integridad y entrega profesional, personal administrativo propositivo que, con ideas frescas, aporte para la mejora en los procesos. Resulta además clave lograr una igualdad sustantiva entre hombres y mujeres en los espacios educativos y crear conciencia en los diferentes actores sobre su relevancia.

Las instituciones de educación pública tienen una encomiable responsabilidad al ser las garantes por excelencia del acceso al derecho a la educación para la mayor parte de la población; pero enfrentan también grandes retos, y visibilizarlos es el comienzo para optimizar el perfil de quienes formamos parte de ellas.

Es también apremiante abonar a la profesionalización ética de los catedráticos y apoyar e impulsar programas de formación de recursos humanos, investigación y proyección académica. Lograr que los egresados y egresadas de las instituciones de educación pública reciban una formación científica basada en valores éticos y sociales, donde la libertad de decisión y la interacción constructiva impacte positivamente en su preparación, coadyuvará a lograr un desempeño exitoso en el mundo laboral y personal.

Hemos de priorizar forjar individuos con pensamiento crítico y reflexivo, conscientes de su entorno, útiles para sí mismos y para la sociedad; profesionistas tenaces y competentes cuya premisa de vida sea no sólo la productividad, sino la empatía, tolerancia, solidaridad y el compromiso con la igualdad.

La educación no sólo es la perfección en las tareas de la escuela, sino la preparación para la vida; formar hombres y mujeres con todo aquello, es formar adultos resilientes, que promuevan las causas de la justicia social y la dignidad. Un reto que cambiará el curso de la historia.

Nos encontramos el próximo lunes en nuestro espacio Mujer resiliente para seguir descubriendo el arte de rehacerse a través de mis redes sociales:

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