¿Qué le debe Andrés a Donald?

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POR Isidro O’SHEA

Nos dediquemos o no al análisis político, es imposible negar que la semana pasada terminamos agotados de las elecciones en Estados Unidos; una histórica elección por gran cantidad de factores, que, si bien fue sumamente reñida en el voto popular estado por estado, ya no lo fue tanto en el conteo de colegios electorales. Incluso Joe Biden se podría dar el lujo de decir: “Donald take it easy, and take Pensilvania too”. Lo que en definitiva Biden no le va a dejar al magnate neoyorquino, es el número 1600 de la avenida Pensilvania en Washington D.C.

 

Más allá de ideologías y posturas políticas, debemos reconocer que la derrota de Trump es una buena noticia para nuestros vecinos del norte y para todo el mundo, pues es simplemente un respiro a la democracia. Innegable también es, que el populismo es una de las mayores amenazas a los sistemas democráticos, y por esa simple razón, todos salimos ganando.

 

Por más que el actual presidente Donald Trump quiera deslegitimar el proceso electoral, la verdad es que sus herramientas de poder y chantaje son pocas, pues ni los mismos líderes históricos del Partido Republicano lo apoyan, y mucho menos lo respaldarán para comenzar una contienda legal a partir de las cortes de los estados, donde tendrá que comenzar su litigio, pues la Corte Suprema ya dijo que no tomará ningún caso que no haya sido abordado ya en las instancias anteriores.

 

Por otra parte, hay una cuestión que se dio el fin de semana y que me parece lamentable: me refiero al debate que se abrió tras la presunta censura por parte de las televisoras y de Twitter al discurso de Donald Trump, donde exclamó no reconocer los resultados de su derrota.

 

Aunque quizá no sea fácil de digerir a través de la filosofía política, se me hace poco acertado hablar de censura a quien hoy aún ostenta el poder; en segundo lugar, las televisoras son libres de cubrir o no una rueda de prensa; y, en tercer lugar, y lo más importante, es que lo ocurrido se debió al costal de mentiras que pronunciaba minuto a minuto, el aún presidente estadounidense.

 

Es totalmente cierto que la censura va en contra de la democracia, pero también es cierto que hemos, en los últimos años, encontrado vacíos en nuestra concepción de democracia. ¿No se supone que estamos luchando en contra de la demagogia, el populismo y específicamente en contra de las fakes news o bulos?

 

Si bien, las instituciones deben ser imparciales ante candidatos y/o partidos, ni éstas, ni nosotros como ciudadanos, debemos ser imparciales ante los ataques a la democracia. Incluso hasta los actos en democracia deben ser considerados a partir de la ética ciudadana. ¿O bien ya también vamos a permitir las exaltaciones fascistas y nazistas? Si no se prohíbe nada, se permite todo… y así volvemos a la anarquía humana.

 

Para rematar y terminar, vergonzoso también es el nuevo berrinche del presidente mexicano. Mientras prácticamente todas y todos los líderes del mundo, de izquierda y de derecha, han felicitado a Joe Biden, Andrés se ha negado a hacerlo, incluso ha preferido publicar un video felicitando al ganador de las elecciones bolivianas, las cuales ya hace días que se habían resuelto. ¿Qué tanto le deberá el presidente mexicano a su hermano estadounidense? ¿Será acaso, que se empieza a sentir abandonado por los aires populistas en la región?

 

A Andrés Manuel López Obrador se le ha ido por completo la olla, y ha olvidado que no es el dueño de México, sino el representante de los mexicanos.

 

En fin, mantengámonos fuertes y con esperanza, el populismo perdió una batalla, y buenas noticias han llegado sobre la posible vacuna contra el COVID-19.