Tizayuca, cambiar la historia

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POR Alberto ABREGO

 

“No es el poder lo que corrompe sino el miedo. El miedo a perder el poder corrompe a quienes lo manejan, y el temor al flagelo del poder corrompe a los que están sujetos a él”

Aung San Suu Kyi

 

La lucha por un derecho legítimo es sin duda un acto humano digno, valiente, admirable y socialmente heroico. No lo es cuando la causa carece de legitimidad legal, social y moral.

 

Resulta vergonzoso y deleznable, por decir lo menos, que personas sin escrúpulos, valiéndose de cuestionables liderazgos, en su afán de conservar intereses y privilegios personales, pongan en riesgo la vida de cientos de personas.

 

Tal es el caso de algunas autoridades, dirigentes del Partido revolucionario Institucional (PRI) y sus aliados en el Municipio de Tizayuca, estado de Hidalgo, donde recientemente perdieron las elecciones que pudieron haberles dado continuidad en los cargos, el poder y el presupuesto, y por ello, convocaron a una marcha en la que participaron unas 400 personas, entre ellos ancianos, niños y mujeres embarazadas, en un contexto de pandemia, que evidenció cinismo y desesperación por perder el control del erario público. A saber, Ixchel Gutiérrez, candidata del  PRI, su esposo Marcelino Rojas, la hermana del exalcalde y el candidato de otro partido organizaron el evento para protestar por los recientes resultados electorales.

 

El Municipio de Tizayuca, Hidalgo ha sido históricamente gobernado por el Partido Revolucionario Institucional (PRI), sin embargo, este 18 de octubre los votantes cambiaron la historia. Con 10,469 votos, que representan el 30 por ciento de los sufragios totales, los electores decidieron dar oportunidad a otra expresión política.

 

Y es que no son pocas las demandas ciudadanas que por años, fueron ignoradas por quienes pensaron que podrían eternizarse en el poder. Ahí están los resultados: el gran flagelo de la inseguridad que no permite vivir en paz, y que nunca se pudo resolver, tal vez ni combatir; denuncias por corrupción en la oficina de reglamentos, cuyos inspectores exigían los famosos “moches” para no clausurar negocios; señalamientos también de corrupción en la oficina del titular de la Comisión de agua, que entregaron obras de drenaje sin terminar; invasión de inmuebles impunemente por parte de la delincuencia organizada; personal de la Seguridad Pública Municipal con equipo sin renovar, patrullas en malas condiciones; innumerables quejas por los constantes asaltos a transeúntes y en unidades de servicio público, entre otras muchas cuentas pendientes que deja la administración que termina.

 

Todos estos hechos tienen a Tizayuca en el tercer lugar a nivel estatal en casos de extorsión, el tercer lugar en narcomenudeo, el séptimo en robo a casa habitación y el quinto lugar en robo a negocio a nivel estatal. Muy comprensibles entonces los resultados electorales recientes.

 

Y el hecho de organizar una marcha de protesta con aproximadamente 400 personas, tal vez obligadas a través del condicionamiento de programas sociales, de manera irresponsable y sin las más elementales medidas de seguridad en un entorno sanitario delicado, no hace más que cuestionar la calidad moral de quienes encabezaban el evento. Ixchel Gutiérrez, Marcelino Rojas, Juana García Rojas, hermana del expresidente Gabriel García Rojas, Javier López, excandidato del partido MAS por Hidalgo, que incluso ya ha perdido elecciones pasadas, que, de acuerdo con videograbaciones y fotografías publicadas en redes sociales,  encabezaron el mitin, han dado muestras de que no se resignan a perder privilegios, y los gritos de “Fuera Morena”, evidencian también ingenuidad al pretender que las autoridades electorales reviertan la voluntad popular expresada en las urnas.

 

Siembre he estado en favor de los derechos de libre expresión, pero utilizar a las personas para lograr beneficios personales me parece inmoral y perverso. Los niños no saben por qué marcharon, y seguramente también desconocen que algunos son ya portadores de un virus que ha matado a más de 90 mil mexicanos.

 

Una vez más queda demostrado que a algunos políticos no les cuesta trabajo mentir, y el utilizar de esa forma a las personas para tratar de conseguir que un partido político no pierda el poder significa que les aterroriza arriesgarse a vivir sin el erario, a trabajar desde la oposición y a cambiar ese estilo de hacer política que no compite con ideología, sino con mecanismos faltos de civilidad y moralidad. Todo en ellos son hipocresías, actos sin escrúpulos y promesas incumplidas. Grupos que se mueven por un beneficio particular que generan riquezas personales y construyen relaciones parásitas con la sociedad.

 

El proceso electoral ya concluyó y la sociedad no necesita conflictos post electorales ni mucho menos un clima de hostilidades. Menuda tarea le ha quedado a la alcaldesa electa, tiene la gran responsabilidad de darle otro rumbo a su municipio, establecer nuevas reglas y cumplir lo que prometió: “Hacer historia”, pero de la buena.

 

Otra historia, diferente…