Últimos días del año, espejo del México que hoy vivimos

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POR Isidro O’SHEA

Los sucesos de los últimos días son un fiel reflejo de lo que nos ha tocado vivir en el 2020, o en general durante la administración lopezobradorista. Y es que justamente el presidente que tanto habla de esperanza, lo que nos da en tiempos navideños, solamente son declaraciones de desesperanza.

 

Si bien, el asesinato de Aristóteles Sandoval, ex gobernador de Jalisco puede sonar a una cuestión personal, también es sumamente lamentable lo fácil que resulta hoy día en México, ejercer crímenes estilo Hollywoodense.

 

Al respecto, el presidente ofreció, en 3 segundos que le dedicó al tema, apoyo para la investigación en caso de que fuera necesario. Lo anterior, más que una tomada de pelo es una grosería, cuando justo a dos años del muy extraño accidente de los ex gobernadores de Puebla, Martha Erika Alonso y Rafael Moreno Valle, prácticamente no sabemos nada, o por lo menos nada que resulte medianamente creíble.

 

Por cierto, vaya diferencia entre el respeto que mostró el gobernador de Jalisco al lamentable suceso, aún habiendo sido rivales políticos en diversas ocasiones, de lo que mostró López Obrador.

 

Y es que el respeto y la educación no son precisamente pilares de la 4T, basta con haber escuchado como Miguel Barbosa, gobernador de puebla, le respondió a una reportera, diciéndole que después del gobernador no hablaba nadie. El gobernador parece que se equivocó de tiempos y hasta de régimen, parece ser más propenso a tiempos del virreinato que a tiempos democráticos.

 

Reflejo también de la 4T es lo que sucedió los últimos días con el subsecretario Gatell, quien no se atrevió a hablar de un semáforo rojo ni a tomar medidas; hasta que prácticamente los gobiernos del Estado de México y la Ciudad de México lo hicieron por si mismos.

 

Cuestión similar pasa con los vuelos provenientes del Reino Unido frente a la nueva cepa del coronavirus, mientras prácticamente todos los países han restringido los vuelos provenientes del país de la Reina Isabel, México, uno de los países más afectados por la pandemia, mantiene sus puertas abiertas.

 

Hablando de puertas, así como de bienvenidos y no bienvenidos, resulta que la semana pasada, cuando por fin el presidente mexicano se dignó a mandar una carta de felicitación a Joe Biden, presidente electo de los Estados Unidos, terminó dicha felicitación con un lamentable ofrecimiento que nos arrodilló de nuevo frente al país vecino, al afirmar que México y su gobierno seguirán luchando para que los emigrantes centroamericanos no lleguen al sueño americano; es decir, seguirá México siendo el muro, y no precisamente respetando los derechos humanos de los migrantes.

 

Pero eso sí, como medida de hacer algo rápidamente para mantener la aprobación del pueblo, deciden incrementar el salario mínimo; bravo por ello, pues sin importar cuáles sean las intenciones, es indudable, que a alguien beneficiará. Sin embargo, tampoco es motivo para aplaudir en demasía, pues es preciso recordar que solo 4 de cada 10 mexicanos que trabajan lo hacen de manera formal, los otros 6 lo hacen bajo la sombra de la informalidad.

 

En ese sentido, sería más provechoso que el presidente pusiera atención a aquellas actividades que son las que habían potencializado la economía mexicana; pues a diferencia de lo que cree, México no tiene en la cuestión petrolera el gran motor, este es al igual que el turismo un pequeño motor económico alterno al principal que es la exportación, pero mientras cada vez sean menos las empresas que decidan, o a las que se les permita invertir en México, cada vez será menor nuestra capacidad de crecimiento.

 

Por cierto, si la educación es aquello que transforma generaciones y países completos, tampoco es esta prioridad del presidente, basta con ver a quien han nombrado secretaria de educación pública, Delfina Gómez, la gris candidata a la gubernatura del Estado de México en el 2017, quien después fue nombrada superdelegada por el gobierno de AMLO, y de la cual, no sabemos qué hizo durante estos años. Ahora en lugar de tener al esclavo (por que ya vimos que así se refiere Salinas Pliego a sus trabajadores) del magnate del Ajusco como secretario de educación, tendremos a la que suele decir que vamos requetebién, aunque no sepa ni leer.

 

Por cierto, reflejo de nuestro país también es Salinas Pliego, a quien no le importa ni lo que diga el gobierno, ni muchísimo menos el bienestar de los mexicanos. El magnate decidió hacer una celebración navideña con sus empleados – esclavos, donde casualmente, nadie quiso portar cubrebocas.

 

De las promesas del presidente hay una que hasta ahora ha cumplido, aquello de abrazos y no balazos, pero únicamente para uno de los 126 millones de mexicanos: Don Ovidio Guzmán. Pues contrario a ello, cada vez resulta más evidente y grotesca la militarización del país.

 

En fin, el 2020 pintó complicado en todo el mundo, pero especialmente para los mexicanos; sin embargo, lo único cierto es que no debemos bajar la guardia frente al coronavirus, y mucho menos confiarnos de las llegadas de las vacunas, pues, así como vamos, no nos debería sorprender ser de los últimos países en lograr un porcentaje aceptable de población vacunada.

 

Protéjase por usted, por sus padres, por sus abuelos, por sus hijos, no lo haga por ellos que tanto han mentido, hágalo por sus seres queridos.

 

Y aunque sea solo en compañía de los que viven bajo su mismo techo, yo le deseo una muy feliz navidad, tenemos la fortuna de estar vivos, y tenemos la fortuna de nuestros seres queridos.