El papel de la empresa y gobiernos en la reactivación de la actividad económica

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POR Leazly VILLAR GOMEZ

La nueva normalidad será aprender las nuevas formas de convivencia con la posibilidad de transmisión del coronavirus. Esto tiene grandes implicaciones, puesto que se deberán realizar cambios permanentes en el comportamiento de la sociedad que permitan el mantenimiento de un bajo nivel de contagio en los próximos años. Dentro de estos nuevos hábitos probablemente se aplicarán normas de distanciamiento social, tanto en el ámbito empresarial, como en el social y personal, incluyendo la toma de medidas rigurosas para detección temprana y aislamiento de pacientes afectados. Con todas estas medidas, ya nada volverá a ser igual y el estilo de vida será marcado por este gran hito.

Es evidente que la pandemia actual está alterando el mundo en gran medida. Al sufrimiento humano le seguirán unas consecuencias económicas que cambiarán nuestra forma de vida. Pero, ¿qué ocurrirá cuando la situación llegue a su fin y la gente vuelva a trabajar a sus oficinas, vaya a restaurantes, etc. y reanude lo que antes se consideraba “normal”? ¿Es posible que el mundo vuelva a ser lo que era o habrá una nueva normalidad? ¿Y cómo sería esa nueva normalidad?

Creo que éstas serían las predicciones más confiables: El mundo no volverá a ser el mismo y las empresas funcionarán de manera diferente, tanto antes como después de encontrarse una vacuna. Millones de personas habrán adquirido cierta experiencia de trabajo en casa y muchas de ellas serán conscientes de las ventajas del trabajo vía remota. También habrá personas más necesitadas del contacto humano que tal vez no vayan a la oficina a diario, pero sí querrán trabajar en ella algunos días de la semana. En última instancia, las empresas tendrían que remodelarlo todo, incluidas sus políticas e infraestructuras. Por consiguiente, la nueva normalidad será diferente a lo que estamos acostumbrados.

La productividad en el país, a raíz de la pandemia, ha disminuido significativamente, no solo por lo que se está dejando de producir, sino por lo que se está dejando de consumir. Algunas estimaciones calculan una caída en el PIB en México hasta en un ~7%2 provocado por la crisis actual. Por tal motivo la perspectiva del sector de salud debe ser de las primeras en cambiar para amortizar el impacto.

Con esta realidad, el gobierno deberá cambiar su enfoque de medición del costo social de la salud, a medir su valor social. Es decir, cuánto va a impactar en la disminución de la generación de riqueza en México cada persona de la población

económicamente activa que esté fuera de la actividad productiva por cuestiones de salud.

Esta crisis está atacando el núcleo de la sociedad, lo cual además de revalorizar la salud y dejar de verla como un costo, cambiará también el rol de la empresa y cómo esta es percibida tanto por la sociedad como por los gobiernos. La pandemia ha confirmado la relevancia que tiene la empresa como motor de productividad y generación de riqueza.

Hoy más que nunca se vuelve relevante la necesidad de medir el impacto de las empresas y asegurar que generen valor a sus clientes, accionistas, colaboradores, proveedores y a la comunidad a través de la medición del impacto en el ambiente y en la sustentabilidad de largo plazo sobre su actividad económica.

No cabe duda de que el impacto del COVID-19 a nivel global será tan fuerte que habrá que replantearse una nueva normalidad en diferentes aspectos de la vida como la conocemos. El papel de la empresa en la reactivación de la actividad económica será crucial. Los líderes deberán ver más allá de solo atender las necesidades de sus clientes, y reimaginar estrategias de negocios y nuevos modelos operativos que les permitan adoptar la nueva normalidad lo más rápido posible.