El discurso de la austeridad y la austeridad del discurso

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POR Isidro O’SHEA

A dos años del gobierno de López Obrador ya sabemos el discurso, mismo que no es de un presidente, sino de un candidato. Es simplista, y se entiende, pues cada vez que arriesga un poquito, con datos históricos o cifras (como sucedió con el número de vacunas necesarias) resulta evidenciado por su desconocimiento de cuestiones básicas.

 

Desde el primer día el discurso se basó en la austeridad de su gobierno, y eso le sumó simpatizantes; pues legítimamente, la mayoría de la población mexicana estamos cansados de que nuestros impuestos no se vean reflejados en bienestar social, aun, siendo uno de los países en todo el mundo con menor carga de impuestos.

 

Sin embargo, la llamada austeridad republicana, no es más que un discurso presidencial del que no pretende moverse con la finalidad de disculpar todo aquello que no hace. Dice que se ha ahorrado mucho dinero gracias a sus decisiones; sin embargo, no dice en dónde está ese dinero. AMLO es como el padre que les dice a sus hijos que les está acumulando sus Domingos, Domingos que los niños nunca ven. Incluso es como el padre que guarda el dinero que la abuelita le dio al nieto; pues ha desaparecido todos los fideicomisos, incluso muchos provenientes de instancias privadas y/o extranjeras, que estaban debidamente etiquetados.

 

El presidente ha afirmado que todo ese ahorro se utilizará para hacer frente a la crisis pandémica, sin embargo, ya con más de 130 mil muertos, no hemos visto que dichos recursos sean debidamente aprovechados, incluso es legítimo pensar que cada vez son menos los recursos que se invierten, y no solamente frente al COVID, sino también frente al cáncer de niños o la salud mental. Pero eso para él no es problema, mientras el hijo de Bartlett pueda vender ventiladores al triple de precio al IMSS. Recordemos que más del 80% de compras del gobierno federal se hacen por adjudicación directa, es decir, sin competencia alguna que busque hacer más eficientes los recursos.

 

Reitero, el discurso de la austeridad no es más que eso, palabras sueltas que el viento empieza a llevarse. Es grosero hablar de austeridad cuando se desperdiciaron millones de dólares en un proyecto de aeropuerto ya iniciado; cuando se están gastando otros millones para un aeropuerto del que no se tiene ninguna certidumbre. Es grotesco hablar de austeridad cuando se ha tenido que incrementar varias veces el presupuesto de sus “grandes proyectos”: el tren maya y la refinería de dos bocas, dada la nula planeación.

 

Andrés Manuel también se asemeja a las ancianas que creen que el dinero sirve más guardado que invertido, pues no ha escatimado en eliminar por completo programas sociales como: los comedores comunitarios; las estancias infantiles, o bien los centros de protección de víctimas de maltrato, argumentando que estos estaban llenos de corrupción. Sí, López Obrador, prefirió desaparecerlos que buscar solventar los problemas de cada uno de ellos. Es como destruir una casa, porque las ventanas no cierran bien, ventanas que permiten no estar a la intemperie.

 

AMLO insiste en refinerías y combustibles fósiles, cuando solamente, durante el 2020 la CFE (la responsable del apagón y en donde se falsifican documentos oficiales) y PEMEX incrementaron su deuda 8 veces. Asimismo, datos del Banco de México, reflejan que la deuda nacional del primer trimestre del 2019 llegó a 9,519 millones de dólares, alcanzando máximos históricos. Hoy día, la gasolina para el coche no tiene ningún tipo de subsidio. Hoy si la gasolina baja, el presidente dice que es gracias a él y no a que el petróleo se encuentra en mínimos históricos, pero aún así ya nos aumentó para este año el 3.3% del IEPS, incumpliendo una de sus principales promesas: NO a los gasolinazos.

 

Nos vendió el cuento de la subasta de automóviles de lujo que usaban los funcionarios anteriores, pero hoy su administración ya compró los nuevos, tanto para él, como para demás funcionarios; por eso los vemos llegar a Palacio Nacional en camionetas ultra blindadas. Por cierto, el presidente ya no nos dijo nada, sobre el robo al Instituto para devolver al pueblo lo robado ¿acaso no hay o debe haber responsable?

 

Habla de austeridad, pero manda a López Gatell, a informarse de vacunas a un país no referente; y si bien es cierto que es un gasto microscópico con relación al presupuesto federal, también es cierto que es innecesario cuando la mayor parte de este tipo de reuniones hoy día, son a través de plataformas digitales. Además de innecesario, fue un viaje irresponsable, al hacerse justamente en los días que se ha llegado al mayor número de decesos.

 

Por cierto, lo “ganado” de la rifa del avión no rifado ¿en dónde está?, fue más el circo que lo ganado, al punto que distintos organismos públicos tuvieron que usar recursos ya etiquetados para comprar los boletos no vendidos. Así que con la renta del andén en Estados Unidos; la rifa; lo que se pierde por tener al avión parado; y los cientos de vuelos comerciales, el avión se ha encarecido aun más durante este gobierno.

 

Dejando eso de lado, el gran problema hoy ya no es que desaparezca de manera arbitraria programas sociales con el argumento de la austeridad, sino que, con el mismo argumento, también quiere desaparecer organismos autónomos, que son precisamente contrapesos a su poder.

 

El presidente busca desaparecer al INAI, organismo autónomo que tiene como finalidad transparentar las acciones y recursos del gobierno. Dice AMLO que sería un gran ahorro, sin embargo, el INAI cuenta con una inversión menor, que la que tiene el base ball. AMLO justifica que la Secretaría de la Función Pública, tiene capacidad de asumir lo que hoy hace el organismo autónomo, cuando en realidad, la Función Pública rechaza por día más de 10 solicitudes de información pública. A ello hay que sumarle que el gobierno ha reservado información sumamente relevante como: los contratos de vacunas; el caso del general Cienfuegos; o el plan del aeropuerto de Santa Lucía.

 

Si vamos más allá, no solo se trata del discurso de la austeridad republicana, sino también de su slogan: “no puede haber gobierno rico, con pueblo pobre”. Pero el presidente utiliza zapatos que rondan los 10 mil pesos; Bartlett e Irma Eréndira pueden dormir cada noche en una cosa propia distinta; y el presidente vive como virrey en Palacio Nacional.

 

En fin, hay cosas que se deben mejorar, pero no destruir, y también hay cosas que son como una buena almohada, que más vale que sean caras, con tal de que no nos traigan después mayores problemas. Se vale buscar mejorar los organismos que son contrapeso, pero jamás desaparecerlos