AFGANISTAN EL CONFLICTO AMBIENTAL EN EPOCA ARMADA- ARIEL PÉREZ

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AFGANISTAN EL CONFLICTO AMBIENTAL EN EPOCA ARMADA

En los 19 años transcurridos desde que Estados Unidos puso en marcha la Operación EnduringFreedom e invadió Afganistán, la lucha contra el terrorismo ha sido el tema principal de las conversaciones internacionales sobre el país de Asia meridional. Esto ha influido en el gasto de miles de millones de dólares en guerras e iniciativas de reconstrucción en un conflicto implacable que se ha cobrado cientos de miles de vidas. Mientras tanto, se está gestando una lucha que hace unos días se a tornado en la conquista de los talibanes al tomar la capital Kabul, tras el abandono de las fuerzas armadas norteamericanas.

Afganistán es uno de los países más vulnerables del mundo al cambio climático y uno de los que están peor preparados para gestionar lo que está por venir. Los expertos sostienen que la sequía, las inundaciones, las avalanchas, los deslizamientos de tierra, los fenómenos meteorológicos extremos, los desplazamientos masivos, los conflictos y el matrimonio infantil —problemas que ya atormentan Afganistán— empeoran, así como el brutal abuso a los Derechos Humanos.

En Afganistán se ha prestado relativamente poca atención al cambio climático. En el país, la mayoría de los afganos son agricultores u obtienen ingresos de la agricultura y, según estimaciones del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, el 80 por ciento de los conflictos son por las tierras, el agua y los recursos. Además, los críticos sostienen que la ayuda destinada a que los afganos hagan frente a los efectos de la sequía y otras dificultades relacionadas con el cambio climático suele llegar a corto plazo o no tiene en cuenta las necesidades reales de los afganos.

La sequía extrema de Afganistán ya ha terminado, por ahora. Pero Fatemeh es una entre los 13,5 millones de afganos que siguen en una situación de inseguridad alimentaria. Un tercio de los afganos han migrado o se han visto desplazados desde 2012, según la Organización Internacional para las Migraciones.

Las proyecciones crean un panorama de un Afganistán aún más cálido y con recursos más escasos. Según el PNUMA y la Agencia de Protección Medioambiental de Afganistán, si no se toman medidas para limitar las emisiones de gases de efecto invernadero, las temperaturas podrían aumentar 2,7 grados Celsius para 2100. Aunque se prevé que los niveles de precipitaciones de Afganistán permanecerán relativamente estables hasta finales del siglo XXI, el aumento de las temperaturas podría provocar más evaporación y poner en peligro los recursos hídricos necesarios para vivir.

Esto podría suponer una sentencia de muerte en algunos lugares, donde las familias hacen actos heroicos de supervivencia tanto el conflicto armado y el ambiental, excavan agujeros en el suelo para recoger agua de lluvia y nieve derretida para sobrevivir antes de acabar huyendo.

Si bien en los últimos años han surgido iniciativas para combatir el cambio climático en Afganistán, aunque están limitadas e inhibidas por la inseguridad, la corrupción y la falta de una financiación constante. Algunas cuentan con el apoyo de Estados Unidos y la comunidad internacional. Se han construido invernaderos para mujeres agricultoras. Las comunidades han recibido financiación y formación para cultivar productos como el azafrán en lugar de las amapolas resistentes a la sequía, que han impulsado durante años el tráfico de heroína en Afganistán.

Por lo anterior y muchas otras limitantes que ponen en denigración la vida de quien habita en ese país , se han desarrollado sistemas de alerta temprana para prevenir a las comunidades de desastres naturales inminentes. Se han excavado pozos y se han instalado sistemas hídricos en áreas remotas. También ha aumentado la concienciación sobre el cambio climático y el peligro que representa para la seguridad nacional.

En septiembre, pese a los ataques terroristas que ocurrían casi a diario en la capital y en el resto del país, decenas de afganos jóvenes —muchos de ellos mujeres— salieron a las calles de Kabul para exigir que se preste atención al cambio climático. 

Si la situación no cambia pronto Afganistán estará Sin tierra. Sin agua. Sin vida.