Democracia: un espejismo- NORBERTO HERNÁNDEZ

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Democracia: un espejismo

El fracaso de la alternancia política en el poder público federal, convirtió a nuestra joven democracia en un espejismo. De las emotivas expectativas pasamos a la derrota moral de la sociedad que vio cómo desaparecieron las esperanzas de cambio con el arribo de un gobierno distinto al PRI. El presidente Fox jamás entendió ni tuvo la capacidad para conducir al país por una senda diferente a los 71 años del régimen de partido único. El saldo es que somos una democracia que funciona bien para los partidos políticos y sus dirigencias, pero mal para los ciudadanos. Lejos de bajar los niveles de pobreza experimentamos un escandaloso crecimiento de la desigualdad y el atraso en la cobertura de los servicios públicos.

Los gobernadores tomaron la medida al recién llegado al Poder Ejecutivo, lo midieron y luego lo sometieron. Del temor, la incertidumbre, los gobernadores, principalmente del PRI, pasaron a controlar al presidente. Sin la formación para operar políticamente ni el equipo para hacerlo, Fox se encargó de dar dinero al por mayor a los mandatarios estatales para lograr su apoyo en la aprobación del presupuesto. Recibieron dinero a manos llenas y también se lo robaron a manos llenas. Lo absurdo es que tanto dinero sin rendir cuentas tampoco se reflejó en el desarrollo de los estados. No se construyó infraestructura para detonar el crecimiento local y regional. Al contrario, esas entidades que se llenaron las bolsas de dinero, lo único que hicieron crecer fue la deuda pública. ¿A dónde se fue todo ese dinero?Puede que a cuentas personales, a paraísos fiscales, a cuentas de prestanombres; pero lo que es seguro que al pueblo no llegaron los beneficios.

Lo que resulta más lamentable son los niveles de violencia que crecieron en los tiempos de la alternancia política. México tiene problemas graves de seguridad por la ausencia de Estado; es decir, de autoridad para garantizar la paz pública. La evidencia nos indica que algunos gobernadores se asumieron como jefes natos y la fuerza de su poder, que antes se limitaba por la presencia de un presidente autoritario, abrió el camino para acordar con el crimen organizado. El dinero de los grupos criminales siempre fue atractivo para los responsables de garantizar la seguridad pública; fueron los que consolidaron la presencia e influencia del narcotráfico. Al no existir riesgo ni un contrapeso válido, los gobernadores optaron por apoyar las actividades ilegales a cambio de su participación en las ganancias que deja el comercio de las drogas.

Nuestra alternancia política fue exitosa en ampliar la corrupción. Con la subordinación, cooperación o sometimiento de los funcionarios, se institucionalizó una relación del crimen organizado con el gobierno. La violencia, el vacío de autoridad y la inseguridad son resultado de esa relación de facto. La complicidad venció a la alternancia que prometía, incluso se consideró un bono democrático para grandes alcances. Fue decepcionante.

Pero esta situación de fracaso en el ámbito federal, se reprodujo en los niveles estatal y municipal. Lo visto en estas semanas de inundaciones ha demostrado que los ciudadanos votan y logran la alternancia en el poder público con el ánimo de conseguir acciones exitosas en la solución de sus problemas cotidianos, que son competencia de las autoridades. Sin embargo, ante la desgracia de miles de familias y la lamentable pérdida de vidas humanas es evidente que el voto útil ha derivado en una nueva derrota de los electores. Los problemas se repiten y en más de las veces, la respuesta de las autoridades también. Excusas, palabras vacías que ponen en evidencia su incapacidad para conducir los asuntos públicos. El fenómeno Fox, el del desencanto, se ha extendido a la mayoría de los responsables de tomar decisiones para superar los retos de la sociedad.

No existe coordinación. Son más las diferencias de los partidos que las coincidencias para contribuir a la solución de los problemas públicos. Lo ocurrido en tula, Hidalgo, es una desgracia que nos debe llamar a la reflexión. Tanta indiferencia no puede pasar desapercibida; es mucho el dolor humano para dejar al olvido una situación tan irresponsable. Se puede recurrir al discurso de siempre, al discurso de las lluvias atípicas y encontrar las escusas que dejen a salvo a las autoridades. Se ha hecho, es lo que nos tiene en las condiciones en que vivimos. Encontrar las soluciones implica cambiar de discurso, de actitud, de aceptar que dejar el estado de cosas en el nivel que están de desorganización solo va a terminar en más pérdidas irreparables.

La inseguridad se debe a la extensión de la corrupción y la impunidad; lo ocurrido en Tula, Ecatepec de Morelos y el derrumbe en Tlalnepantla de Baz es el reflejo de la ausencia de autoridad, de la acumulación de pretextos para no hacer. El dolor de nuestros semejantes debe tener una respuesta.