Frenar al Presidente

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POR Norberto HERNÁNDEZ

Cuando el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), canceló la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, sus detractores escandalizaron. De inmediato, recurrieron a infundir temor sobre las reacciones de los mercados internacionales por la decisión presidencial que, a su entender, era un acto con graves efectos sobre la economía nacional, el prestigio del país en la economía global y una afrenta al modelo neoliberal. Desde entonces, la oposición ha creado varios escenarios de presión y crítica constante al gobierno federal. No hay acción que dejen sin emitir una respuesta, detallando los supuestos errores de AMLO.

Al menos, se han agrupado en tres bloques: el de los medios con sus articulistas y analistas que recibían amplios beneficios económicos del sistema en sexenios pasados; el de los empresarios afectados por el pago de impuestos que antes no pagaban; y, el de los partidos de oposición con sus alfiles que se presentan como sociedad civil que también recibían financiamiento público para hablar bien o, al menos no mal, de su benefactor.

En los tres casos, es evidente que las reacciones son de total enfrentamiento con AMLO y su gobierno. No hay medias tintas, todos son un frente de confrontación, más que una verdadera oposición que actúa en un régimen de competencia democrática. Viven con el dolor de la derrota del 2018 y no lo superan y, tal vez, no saben cómo. Lamentablemente, para ellos, sus acciones son de corto plazo, hirientes más que pensadas, gritos más que razonamientos y desesperación más que una estrategia de desgaste al apoyo político-social con que cuenta el Jefe del Ejecutivo en funciones.

Recientemente se publicó una encuesta que indicaba que si en este momento fueran las elecciones AMLO volvería a ganar y con mayor porcentaje. En el 2018 obtuvo el 53 por ciento de las preferencias electorales, en el supuesto que en el 2020 se repitiera ese proceso llegaría al 59 por ciento. Su fracaso es más que claro y su enojo mayormente evidente. El Frente Nacional Anti-AMLO (FRENA) es prueba contundente de ello. Su protesta es válida, pero sus formas son penosas, carentes de una real base social. El hartazgo al PRI se manifestó por décadas en varios movimientos  encabezados organizaciones de izquierda y de derecha, de moderados y de radicales, pero siempre con la consigna de rechazo al autoritarismo y lo que el sistema de partido hegemónico representaba.

Las elecciones de 1988 fueron una expresión nacida desde la sociedad civil que fue acompañada por los liderazgos de los partidos políticos como el Partido Acción Nacional (PAN) y el Frente Democrático Nacional (FDN). Fue el detonante de la lucha por el respeto al voto, por hacer realidad el cambio democrático en México. El Instituto Federal Electoral (IFE) y su transformación en el instituto Nacional Electoral (INE) es resultado de esas luchas históricas. En las elecciones de julio de 2000, nuevamente se manifestó la fuerza del electorado y venció al PRI-Gobierno y su aparato de Estado. Fue la sociedad la que abrió, con la alternancia en el poder público, la esperanza de construir un país más democrático, menos desigual y más plural. FRENA no es nada de eso.

Si citamos el desplegado firmado por intelectuales con la supuesta exigencia del respeto a la libertad de expresión es todavía más lamentable. Fue un acto de solidaridad entre amigos en defensa de unos cuantos agraviados, tanto porque dejaron de recibir grandes cantidades de dinero del gobierno, como por ser aludidos en las mañaneras por el presidente que no deja de denunciar, con pruebas, su lamentable relación de complicidad con el autoritarismo. Siendo intelectuales deberían tener formas más efectivas e ingeniosas para manifestar su rechazo al gobierno. Muchos de esos intelectuales seguramente podrían hablar en persona con el presidente y trasmitirle sus diferencias, sus críticas y, si su generosidad alcanza, sus propuestas. Don Daniel Cosío Villegas lo hizo y nunca perdió su respetabilidad por su relación con el presidente en turno. Siempre fue un crítico del presidencialismo, del régimen y del autoritarismo.

Ante la falta de ideas y creatividad ya empiezan a refugiarse en otra tendencia equivocada. Esperan, con fervor religioso, que en las elecciones de los Estados Unidos ganen los demócratas y que estos los ayuden a derrocar a AMLO. Es probable que se vuelvan a equivocar. Con Trump suponían que AMLO iba a topar con pared y resultó su mejor aliado.

Manifestarse solo por lo irritante que resultan las declaraciones del presidente no es la mejor manera de construir una oposición firme y efectiva. Y más desafortunado resulta pretender construir un movimiento a partir de comparar al gobierno de AMLO-MORENA con Venezuela, Cuba o vociferar que vamos al comunismo. Como diría el clásico, con todo respeto, hay que leer más y serenarse.