Trípode

0
99

Eduardo H. LIMÓN CERVANTES

 

* Qué nos dejó el Papa Francisco

 

    Como vino, se fue. Hace una semana estábamos especulando sobre cómo sería la visita del Papa Francisco a México. Había en el aire cierta duda entre la clase política y gobernante sobre lo que podría decir un hombre de la congregación Jesuita dentro de la Iglesia, caracterizado por una vida más terrenal, más austera. En la vida de pueblos, instituciones y personas hay acontecimientos que dejan huellas; unas marcan el entendimiento y otras el corazón. La visita del Santo Padre abarcó ambas. Creyentes o no, se sintieron tocados por la bondad, sencillez y cercanía del Papa Francisco.

    Él fue en medio de nosotros un testigo creíble y auténtico del amor de Dios que nos empuja a servir y cuidar a los otros. Su magisterio claro y directo, siempre delicadamente propositivo, repitió lo que sus gestos realizaron, de manera que no extrañó oírle hablar de poner el énfasis en lo que nos une, no marginar, cuidar a los descartados de la sociedad, emplear siempre el diálogo para resolver conflictos.

    La visita papal dejó alegría y esperanza en este pueblo mexicano porque su mensaje nunca antes escuchado por tantos, revelaba que el mejor modo de ser feliz es viviendo el amor y la misericordia, que llama a la reconciliación y al encuentro con los demás; y, a la vez, mostró que en Jesús está la plenitud y que él nos espera, perdona y nos tiene muy en cuenta. A la Iglesia, fieles y pastores, nos legó dos cosas: el ánimo para no cansarnos de anunciar la salvación que Jesús nos consiguió y el imperativo de hacerlo fuera de nuestros templos, en las periferias.

    Dentro de sus mensajes sugirió, por ejemplo, pedir perdón a los indígenas, el tema de los presos, el de los jóvenes, el de la migración, el de los empresarios a quienes invitó a crear empleos y el del narcotráfico (que no es la única salida, pero a veces a mucha gente piensa que no le queda más que eso o migrar), y el de la violencia. En fin, se fue el Papa, pero dejó alegría en los corazones de los mexicanos. Luz y Esperanza. Ahora nos toca a nosotros luchar por salir adelante a pesar de las circunstancias.

    Y como decía mi compadre Chón: “Recuerde compadre, que no hay peor lucha que la que no se hace.”

E-mail: limon@8columnas.com.mx
Twitter: @edulimon76