Voluntarismo vs voluntariado; Capacitación evita heroísmos improvisados

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POR Sergio MACEDO GONZÁLEZ

En los sismos ocurridos en la Ciudad de México los días 19 y 20 de septiembre de 1985, en los que oficialmente se registró la muerte de tres mil personas y cuantiosos daños materiales, la participación ciudadana en las labores de rescate y remoción de escombros fue fundamental ante la desidia de las autoridades capitalinas y federales. Desde entonces el interés de la sociedad civil por ayudar a los cuerpos de socorro en caso de una emergencia se ha incrementado considerablemente, sin embargo, si se hace de manera improvisada la iniciativa lejos de convertirse en una herramienta útil se transforma en un caos operativo.

Cada vez es más común que ante un desastre natural como inundaciones, incendios forestales, terremotos u otro tipo de emergencias, la población instala centros de acopio para recaudar víveres para los afectados y cuerpos de rescate, herramientas y otro tipo de insumos; incluso intentan apoyar en labores de alto riesgo como traslado de heridos, retiro de escombros, rescates y salvamentos.

Si bien, toda ayuda es bienvenida, si no se cuenta con la capacitación mínima necesaria para auxiliar a los especialistas, ese “altruismo” en lugar de favorecer la labor de los rescatistas se convierte en un riesgo para los ciudadanos y la seguridad de los cuerpos de emergencia.

Hace 36 años las autoridades no estaban preparadas para atender un acontecimiento como el terremoto que destruyó gran parte de la capital del país, la sociedad tuvo que tomar el mando para auxiliar a miles de mexicanos. En la actualidad existen grupos capacitados para proceder de inmediato y salvar el mayor número de vidas posibles, como ocurrió en el temblor del 19 de septiembre de 2017.

A diferencia de 1985, hace cuatro años se activaron los protocolos en el momento adecuado, Cruz Roja Mexicana, Guardia Nacional, Secretaría de la Defensa Nacional, ERUM, entre otros grupos de rescate de la sociedad civil actuaron a escasas horas de declarada la alerta, el apoyo de la población no fue requerido al 100 por ciento en las labores de campo, lo que provocó el descontento de la gente, pues pretendían ingresar a la “zona caliente” para realizar rescates  a pesar del riesgo y las complicaciones operativas que eso significaba.

A pesar de las limitaciones para laborar al lado de los cuerpos de rescate, la sociedad encontró otra forma de ayudar, la instalación de centros de acopio de víveres, herramientas, así como la distribución en varias partes del centro del país fue operada por ciudadanos organizados en coordinación con las autoridades, aunque estas acciones no estuvieron exentas de algunos incidentes debido a la inexperiencia de los voluntarios.

Un ejemplo reciente de la buena voluntad ciudadana para participar en caso de emergencia se dio a mediados del mes de febrero, durante la quema de una gran parte del bosque del Nevado de Toluca, grupos civiles convocaron vía redes sociales a sumarse a las labores de combate del incendio forestal en las inmediaciones del poblado de Santiago Tlacotepec, la experiencia y capacitación no era un requisito.

Alimentos, botellas de agua, herramientas y apoyo no moral no hicieron falta, los habitantes del Valle de Toluca realizaron una colecta de estos insumos para contribuir con los brigadistas que se enfrentaban al fuego que consumió varias hectáreas de bosque del Xinantecátl, afortunadamente la emergencia fue controlada días más tarde gracias a los esfuerzos de autoridades y voluntarios capacitados.

Estas acciones demuestran que actualmente existe una respuesta eficiente de las instituciones a las emergencias, así como una excelente disposición ciudadana para colaborar en caso de ser necesario. Ahora habrá que consolidar un esquema de capacitación para la población y que sus ímpetus sean canalizados de forma efectiva y segura.

Es momento de aprovechar la buena voluntad de las personas, trabajar para evitar heroísmos improvisados que pueden provocar una tragedia, para ello existen infinidad de instituciones y agrupaciones ciudadanas dedicadas a la formación y capacitación en materia de protección civil, en dónde se puede dar cauce a las inquietudes de la población, y así  contar con voluntarios competentes en búsqueda y rescate, evacuación, prevención y combate de incendios, primeros auxilios, administración de centros de acopio, listos para colaborar con las autoridades.