EL MAIZ Y LA MILPA IMPORTAN- ARIEL PÉREZ

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EL MAIZ Y LA MILPA IMPORTAN

Lo que comemos importa.  Si bien aún falta mucho camino que recorrer para frenar la devastación ambiental y los problemas de salud que origina la agroindustria y que se deben defender a las semillas nativas y la producción de alimentos nutritivos, sustentables y culturalmente adecuados en México.

Toda persona tiene derecho a la alimentación nutritiva, suficiente y de calidad. El Estado lo garantizará, en el artículo 27° del Constitución Política se establece queel desarrollo rural integral y sustentable, también tendrá entre sus fines que el Estado garantice el abasto suficiente y oportuno de los alimentos básicos que la ley establezca.

Esta visión es impulsada por más de 300 comunidades campesinas e indígenas; por productores y productoras de maíz de pequeña y mediana escala, así como por organizaciones campesinas, académicas, ambientalistas, de consumo, cooperativas y defensoras de derechos humanos que integran la “Campaña Nacional Sin Maíz No Hay País”, busca celebrar la diversidad de maíces nativos, la agrobiodiversidad y la diversidad biocultural que hay en nuestro país. 

El maíz es un cultivo fundamental para la economía mexicana, la alimentación de la sociedad y la manera de interpretar a las comunidades indígenas. Es de reconocer el decreto presidencial por medio del cual se establecen acciones para toda la Administración Pública Federal, a fin de sustituir progresivamente el uso, adquisición, distribución, promoción e importación de glifosato, por alternativas sostenibles y culturalmente adecuadas, hasta enero de 2024, así como, la prohibición del maíz genéticamente modificado en la alimentación, y ya no permitir su siembra en México.

Si bien esto es un paso enorme, aún falta mucho por hacer, ya que los monopolios de empresas transnacionales (principalmente Bayer-Monsanto y el Consejo Nacional Agropecuario (CNA) que promueven el uso de agroquímicos tóxicos, como el glifosato y la siembra de semillas transgénicas, aún se resisten a frenar todo el daño ambiental que hacen, como deforestación, contaminación de los suelos y sobreexplotación y contaminación de los mantos acuíferos.

Lo que sigue ahora es defender el decreto presidencial, vigilar que se cumpla y continuar construyendo estrategias encaminadas a consolidar una agricultura sustentable que proteja los bosques y otros ecosistemas naturales, que reduzca las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), promueva la salud del agua y los suelos, que elimine el uso de fertilizantes y plaguicidas sintéticos, que sea libre de transgénicos y que promueva el comercio justo y nuestra soberanía alimentaria. 

Finalmente, la solución de fondo es y será laagroecología, la cual asegura alimentos sanos, protege el suelo, el agua y el clima, no contamina con uso de agrotóxicos ni transgénicos. Cuida a las y los agricultores, así como a quienes consumen, permite el desarrollo de las comunidades y la soberanía alimentaria.

En estos días es necesario volver a la milpa, a nuestra madre en cuyo regazo encontramos el grano de oro que los dioses nos dieron para formar nuestras carnes y almas, el grano que nos hizo hablar.” Natalia Toledo