Sublimar las emociones. El cuerpo como anclaje de la imagen mediática

0
340
Foto: Anaïs Abreu “Intimidad 104”.

POR Yuritzi BECERRIL

Didi-Huberman muestra el tránsito de las imágenes sobrevivientes que son muchas veces, los restos de la historia del dolor humano. Las imágenes viven una suerte de dialéctica temporal (Walter Benjamin) de migraciones y sobrevivencias. El filósofo propone reconstruir la historicidad según la memoria y el deseo que cada imagen guarda. La memoria nos habla del pasado vivo y el deseo de un futuro incierto y desconocido. El filósofo e historiador, recupera el pensamiento de Deleuze al respecto de la irreductibilidad de la imagen al tiempo presente: La imagen es un conjunto de relaciones del tiempo que hace visibles y sensibles estas relaciones, irreductibles al presente.

¿Cómo hacer que las imágenes no se evaporen? Las imágenes mediáticas son objeto de una mirada distraída que no se detiene en profundidad sobre su significación estética e histórica. Extraer una imagen de su curso mediático nos permite sublimar el sentimiento que ella representa. Ante la sucesión ilimitada de las imágenes es necesario proponer una forma particular de abordar el tiempo. Abrir nuestra mirada y observar en el momento registrado por la imagen la relación histórica de la que forma parte.

En este sentido nos podemos cuestionar sobre los puntos de anclaje de la significación frente al contexto de la sociedad del espectáculo, del ruido mediático, del flujo de las imágenes y los clichés de los que forman parte y preguntarnos en este contexto ¿Cómo se construyen los dispositivos que definen lo que es deseable recordar  y olvidar colectivamente?, ¿De qué forma las imágenes pueden convertirse en dispositivos de memoria?

Como lo entiende Didi-Huberman, el exceso de luz de los reflectores sobre un espacio genera invisibilidad; hay que ir a la obscuridad de la penumbra para encontrar pequeños destellos que nos hablen de lo verdadero. Lo mismo sucede con la comunicación en la era de las tecnologías de la información; cuando las interacciones mediadas tecnológicamente no están acompañadas de acciones concretas en el territorio del cuerpo y del espacio social, se pierden en la inmensidad del mundo virtual.