MUJER RESILIENTE- SANDRA CHÁVEZ MARÍN

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Mujer resiliente

Por: Sandra Chávez Marín

Fecha de publicación: 23 de agosto 2021

Semejante a estar muertas en vida

La Declaración Universal de los Derechos Humanos se considera como el ideal común a atenderse, aplicarse y respetarse, por, y para, todos los pueblos y naciones; es un documento que establece los Derechos Fundamentales dehombres y mujeres, mismos que deben protegerse en el mundo entero. Fue proclamada en París, el 10 de diciembre de 1948, por la Asamblea General de las Naciones Unidas.

En el Artículo 1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) se afirma que “todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”.

La Dignidad es la base o esencia de los derechos elementales de todo ser, de los llamados Derechos Humanos; el concepto de Dignidad Humana remite al respeto y valor absoluto, irremplazable, que toda persona merece; le es inherente por el simple hecho de serlo, nacemos con ésta y nunca se puede perder.

La dignidad y la igualdad se inter relacionan entre sí, semejante que con la justicia. La diferencia entre un Estado y otro radica en la aplicación de la justicia. Una ley justa es aquella que respeta la dignidad de las personas sin exclusión.

Hoy, platicaremos sobre un tema en el que de manera clara se describe la brutal desigualdad entre hombres y mujeres, donde la perspectiva o la paridad de género no existen: la crisis humanitaria en Afganistán, la cual, nos muestra multitudes desesperadas y el catastrófico futuro de las mujeres bajo el régimen Talibán.

El fanatismo, la ignorancia en una gran mayoría de la población, falta de educación y carencia de capacidad crítica, florece en el sector masculino para darle legitimidad a la pretensión de superioridad de los hombres sobre las mujeres; la vida de ellas se desarrolla entre la agresión, represión y sometimiento de su libertad de expresión, pasando por toda clase de vejaciones, hasta la máxima y deplorableobligatoriedad de una resignación absoluta frente a la postura patriarcal de control del cuerpo, pensamiento y sexualidad de manera total.

Imposible concebir, aunque no por ello inexistente, que en pleno siglo XXI vivan miles de mujeres sufriendo las consecuencias de un régimen donde los varones imponen sus reglas y decisiones deliberadamente a través de grupos radicales en el poder; tanto, como terrible resulta, tratar de entender los feminicidios cometidos en un Estado democrático en el que la libertad y justicia es el estandarte que nos venden cada amanecer.

Hagamos un esfuerzo por entender las circunstancias que afectan a otras y desarrollemos la capacidad de hacer propio ese dolor, unamos nuestros corazones en un solo grito de ayuda y apoyo mutuo.

Los hombres también son bienvenidos en esta oposición.

Acabemos con esta pesadumbre que es semejante a estar muertas en vida.

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